La industria de fondos de Brasil terminó septiembre con R$11,5 billones de patrimonio líquido distribuidos entre 34.000 fondos. El dato lo citó el propio presidente de la Comisión de Valores Mobiliarios (CVM), Otto Lobo, el 23 de octubre en el IV Congreso de Derecho de Fondos de Inversión, en São Paulo. Y su lectura no fue de celebración: según el comunicado oficial de la autarquía, Lobo sostuvo que «la única forma de supervisar el mercado es a través de su tokenización». La cifra importa menos que lo que revela: el regulador de la mayor economía de América Latina ya no cree posible fiscalizar con métodos analógicos un mercado que alcanzó ese tamaño.
La CVM cumple 50 años en 2026. Lobo lo recordó para marcar la distancia entre las herramientas con las que nació el órgano y la escala actual. El problema no es de voluntad, sino de velocidad: la captación líquida de enero a septiembre alcanzó R$251,7 mil millones, y cada uno de los 34.000 fondos genera órdenes, ejecuciones y titularidades que un supervisor retroactivo apenas alcanza a revisar.
Por qué la supervisión analógica se quedó corta
En el panel de apertura del segundo día, Lobo describió el fondo de inversión como «una promesa»: el inversor entrega recursos a administradores y gestores y confía en que se apliquen «con diligencia, lealtad y transparencia». La misión de la CVM, añadió, es proteger al inversor manteniendo esa confianza. Los números que citó, tomados de los datos de la ANBIMA de septiembre, dan la medida del reto.
«Estamos hablando de un mercado de casi R$12 billones, y cuando citamos estos números fuera de nuestros silos todos quedan impresionados. La CVM nació hace 50 años, y los fondos de inversión llegaron un poco antes. A lo largo de esas cinco décadas, esos fondos dejaron de ser un producto de pocos y se convirtieron en grandes canales de ahorro nacional. Ahora, en septiembre, la ANBIMA presentó datos que muestran que la industria suma R$11,5 billones de patrimonio líquido, distribuidos en 34.000 fondos, con captación líquida de R$251,7 mil millones», dijo Lobo, según el texto publicado por la CVM.
El punto de inflexión es estructural. Con 34.000 estructuras activas, la fiscalización tradicional —que revisa hechos después de ocurridos— se queda sin tiempo para actuar. De ahí que Lobo haya planteado la tokenización no como un experimento cosmético, sino como la condición para volver a supervisar en tiempo real.
Los cinco rieles DLT que Lobo puso sobre la mesa
La apuesta del presidente de la CVM se apoya en cinco mecanismos de vigilancia sobre tecnología de registro distribuido (DLT), que detalló en su intervención. La lista completa, según recoge Valor Econômico, es esta:
1) liquidación física y financiera inmediata, con eliminación del riesgo de contraparte y del desfase temporal de liquidación; 2) una pista de auditoría continua, con registro automatizado de órdenes y ejecuciones en formato Consolidated Audit Trail (CAT); 3) identificación del beneficiario final, con el rastreo nativo de titularidad (CPF/CNPJ) incorporado a la capa de registro digital; 4) reglas de prevención de lavado de dinero integradas directamente al nivel del activo mediante contratos inteligentes, que simplifican el cumplimiento y el KYC; y 5) supervisión intermercados, con monitoreo transversal entre plataformas descentralizadas y bolsas tradicionales.
La enumeración no es un catálogo académico. Cada mecanismo responde a una debilidad concreta del sistema actual: el desfase de liquidación, la opacidad del beneficiario final y la fragmentación entre bolsas y protocolos descentralizados. Lobo resumió la tesis en una frase: «El mercado creció mucho, se sofisticó, y la única forma de supervisar el mercado es a través de su tokenización, con una nueva infraestructura, en la que se crea un depositario de datos en la nube, el «data lake», y se utiliza inteligencia artificial para procesar los datos recogidos».
Tres redes en pruebas y el espejo de Franklin Templeton
La CVM no habla desde la teoría. Su grupo de trabajo de tokenización (GTT) ya prueba la emisión de activos digitales nativos sobre tres redes DLT, con análisis de casos de uso institucionales. «Ya estamos probando tres DLT, con la posibilidad de creación de activos digitales nativos, con la posibilidad entonces de supervisar ese mercado de una forma muy diferente», dijo Lobo. El ensayo corre bajo la Resolución 249, el programa piloto experimental aprobado por el colegiado de la autarquía en octubre.
Como referencia internacional, el presidente citó a Franklin Templeton, que lanzó cerca de US$3.000 millones en activos de fondos tokenizados en distintos mercados, y un dato de entrada: el valor mínimo para acceder a un fondo del mercado monetario pudo reducirse a US$20. La comparación sirve para calibrar la ambición. Esos US$3.000 millones de la gestora equivalen a apenas el 0,13% del patrimonio de R$11,5 billones de la industria brasileña; a un tipo de cambio implícito de unos R$4,96 por dólar, el mercado que la CVM quiere tokenizar es unas 770 veces mayor que el mayor caso institucional que Lobo citó.
El contexto de la tokenización de valores no es nuevo para el sector: la liquidación de valores ya explora esa vía en otras jurisdicciones. Un piloto de la DTCC con BlackRock y Goldman mueve acciones de Microsoft y del Tesoro a la cadena, y los grandes bancos ya llevan fondos tokenizados de mercado monetario a redes públicas. La CVM aspira a que Brasil entre en ese grupo, pero con una diferencia: convertir la tokenización en infraestructura de supervisión, no solo en un producto para inversores.
Lo que la Resolución 249 todavía no obliga
Conviene separar la dirección de la norma. Lo que Lobo defendió el 23 de octubre es una posición de política pública, no una regla vigente. La Resolución 249 establece un piloto experimental: usa valores y recursos ficticios, mantiene las redes de prueba separadas de los sistemas de producción y no obliga a ningún fondo existente a tokenizarse. Participar en el ensayo no autoriza actividad regulada ni garantiza aprobación futura.
El trabajo de inteligencia artificial también sigue en fase exploratoria: en agosto la autarquía describió que explora un modelo para mejorar la supervisión, no un sistema operativo que ya vigile fondos. Y el plan de modernización depende de recursos que aún no están desplegados. La decisión del Supremo Tribunal Federal (ADC 7791) permite a la CVM retener el 70% de la tasa de fiscalización, y el proceso contempla sumar unos 1.200 empleados en los próximos años. Sin ese presupuesto y sin esa plantilla, la infraestructura de tokenización que Lobo describe no se sostiene por sí sola.
«Asumimos la responsabilidad fiduciaria de liderar esa transformación tecnológica, asegurando que la integridad, la gobernanza y la confianza del inversor permanezcan innegociables mientras el mercado migra a rieles digitales nativos», dijo Lobo, según recoge Valor Econômico. La frase fija el marco, pero no el calendario: del piloto con tres redes a una regla que obligue a tokenizar media un proceso de consulta y evaluación que la CVM todavía no ha iniciado formalmente.
La señal a vigilar es, por tanto, doble. Primera, los resultados del GTT: si el ensayo con las tres DLT se traduce en una propuesta normativa concreta o se queda en pruebas técnicas. Segunda, el presupuesto: si la autarquía logra desplegar los 1.200 nuevos efectivos y el data lake en nube que la reforma exige. Hasta entonces, la tokenización obligatoria es una tesis del regulador sobre cómo recuperar el control de un mercado de R$11,5 billones, no una obligación en vigor para los 34.000 fondos que hoy lo componen.
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